El “impuesto rosa”, Pink Tax, tasa rosa… y millones de otros nombres rosa. Es esa famosa tasa “extra” que pagamos las mujeres solo por tener los productos de higiene íntima pintadas de este color. Y no, no es una especulación feminista ni una falacia postmodernista. El impuesto rosa es una realidad vigente que, aun finalizando la segunda década del siglo XXI, sigue cavando la brecha entre ambos géneros.

Los artículos femeninos (incluyendo los de higiene íntima) son famosos por ser más costosos que sus contrincantes masculinos, pero no se trata de un valor por tener mayor costo de producción: Todo reside en quiénes son los usuarios que los compran y el mercadeo diseñado para ellos. ¿Quieres saber cómo? Comencemos por lo primero.

¿Qué es el impuesto “rosa”?

El impuesto rosa comienza solo con la palabra “rosa” y la designación arbitraria de un color para identificar lo femenino. Se trata de una tasa extra que se le agrega a un mismo producto, pero en su versión “femenina”. De este modo, un ejemplo que siempre colocan los estudios son los precios de las afeitadoras: para un mismo artículo, de la misma marca y modelo, se comparan los precios entre el que tiene flores y el que es azul. Lo que varía es el precio.

impuesto rosa

Puedes hacer la prueba. Vas al supermercado o a la farmacia a la sección de artículos de cuidado personal y ves dos colores: Azul y rosa. En el momento que entras a la zona rosada, no solo es el color el que cambia. Los artículos para mujeres son simplemente más costosos.

Por supuesto, el color rosa no es la razón, pero ha sido el color con el que la sociedad ha impuesto sus reglas para ambos géneros.

Lo particular del caso es que no porque los productos “rosa” cuesten más significa que nuestros salarios sean competitivos con los de los hombres, ya que, estadísticamente, las mujeres a nivel mundial ganan en promedio menos que los hombres trabajando para las mismas posiciones laborales.

El Departamento de Asuntos del Consumidor (DCA por sus siglas en inglés) en Nueva York, realizó una investigación en 2015 para determinar los precios según el género, donde se compararon los precios de casi 1000 artículos femeninos y masculinos. El resultado fue claro: “los productos para mujeres cuestan un 7% más que los productos similares para los hombres”.

Básicamente, si eres mujer, pagas más. Si eres mujer, pagas por las flores que colocan en los empaques y el color rosa de los artículos femeninos. Aún así, ¿Qué pasa con los productos que no tienen su equivalente masculino como las compresas sanitarias y tampones? De eso hablaremos más adelante.

¿Por qué sucede la tasa extra para mujeres?

Descartemos. Si bien existen factores que naturalmente incrementan los precios de los productos ordinarios, como lo son los costos de producción, tasas de transporte e importación (en entre otros muchos más), cuando hablamos de impuesto rosa estos factores no aplican, porque se hace referencia a productos iguales o similares para ambos sexos.

En un artículo publicado en el ABC de España en su sección de Economía, se realizó una comparación de precios entre las áreas de fragancias, zapatos y relojería; cada una en diferentes gamas, marcas y modelos. Encontraron que, en el área de perfumería, las fragancias y colonias de una misma marca y gama de calidad son 7% más costosos en su versión para mujeres.

Así mismo ocurre con los zapatos, en los que se tomaba en cuenta el modelo y la cantidad de material utilizado para fabricarlos. Los zapatos para mujeres tuvieron una tasa de costo mas elevada. Lo mismo sucedió en el ámbito de la relojería, en la que se comparaban marcas como Guess y Seiko.

Pero, entonces ¿Qué hace que sean más costosos los artículos femeninos?

Pues, una teoría lo atribuye a que desde un principio los mercadólogos se dieron cuenta de que las mujeres estaban dispuestas a pagar más por productos especializados para ellas. Así nació el rosa, el color con el que identificarían y segmentarían a la mitad de la población mundial.

Por supuesto, esta hipótesis nace de las convenciones sociales patriarcales. Algunos creen que se basa en la cultura formada cuando el hombre era quien trabajaba y las mujeres no podían tener empleos remunerados. Incluso cuando esto fue cambiando, el tipo de trabajos femeninos eran similares a los quehaceres domésticos y, por supuesto, ínfimamente pagados.

Aún en la actualidad existe esa hegemonía salarial incluso en los más altos cargos de empresas multinacionales y organizaciones en general.

Por otro lado, existe otra corriente que cree que es una táctica para conservar el status quo de que sean los hombres quienes tengan el dominio de los sectores con mayor poder en el mundo, y que, para ello, el marketing ha sido la herramienta principal de poderío. Aunque, afortunadamente, las comunicaciones globalizadas permiten que este tipo de desigualdades se reconozcan y poco a poco el mundo comience a tomar posturas de mayor conciencia e igualdad.

Ahora bien, aunque esto se podría comenzar a solucionar simplemente con escoger productos para hombres (da igual si nuestra máquina de afeitar es azul o no tiene fragancias), ¿Qué pasa con las compresas, tampones y copas menstruales?

El “tampon tax”.

Tampon tax (Impuesto del tampón)

Si bien ya sabemos que los productos para mujeres tienen mayor tasa de impuestos que sus relativos masculinos, quedan los productos de higiene íntima como compresas, tampones y copas menstruales.

La menstruación per sé es un proceso femenino estigmatizado y convertido en tabú incluso en países desarrollados. En algunas sociedades es un tema del que no se habla, que es motivo de segregación y que toma por sorpresa a las niñas que se desarrollan y piensan que algo malo sucede con sus cuerpos. Allí la higiene menstrual queda marginada por completo, pero incluso en países donde se pueden encontrar todo tipo de productos menstruales en farmacias y supermercados, las mujeres sufren la aplicación del “impuesto rosa”.

Una comparación alarmante llena el internet en torno al “tampon tax”: en muchos países, productos de lujo como el caviar o el aceite de trufas tiene menor tasa de impuesto que los productos menstruales.

Ya no se trata de evadir los impuestos eligiendo entre el rosa y el azul. Si tienes la regla, pagas más impuestos. Tu menstruación tiene mayor precio (solo en términos monetarios) que el caviar mismo. Es una tasa ineludible por las mujeres en sus años de vida fértil, y en países como Alemania y Suiza, es mucho más evidente: en Suiza, el impuesto de la arena para gatos es del 2.5%, mientras que para las compresas es del 7.7%.

Un hecho irónico es que, al menos en el país helvético, la tasa rosa es un mal heredado: otrora, los vestidos para las mujeres (digamos para comienzos del siglo XX), eran mucho más pesados por la cantidad de capas y tela utilizadas, por lo que el coste por importación subía. Ese mismo índice se toma ahora para la ropa importada femenina y, por supuesto, para los artículos menstruales.

Los productos de higiene íntima deben ser tasados como artículos de primera necesidad, porque, de hecho, así como el papel de baño, las compresas, tampones y copas menstruales cubren un proceso fisiológico inherente a la condición humana y al sexo femenino.

No es un lujo. No se puede evadir, ni detener.

En España ¿Cómo funciona el impuesto rosa y el tampon tax?

Por fortuna, España es uno de los países que se ha unido a la reducción del impuesto sobre artículos de higiene femenina. Para octubre de 2018, los impuestos sobre estos artículos de primera necesidad se redujeron de un 10% (el mismo impuesto sobre el caviar) a un 4%.

En las Islas Canarias, el gobierno tomó la decisión de bajar los impuestos sobre compresas, tampones, copas menstruales y demás artículos de higiene íntima femenina hasta el 0%. Pero España es una de las excepciones, porque incluso cuando la Unión Europea permite bajar esta tasa rosa incluso a mínimos de 5% de impuesto, solo pocos países han tomado cartas en el asunto.

Hungría es uno de los países con mayor tasación de impuestos sobre artículos femeninos, llegando hasta un 27% de precio extra a pagar en 2019, de acuerdo con Statista, el portal de estadísticas del mercado originario de Alemania.

Así le siguen países como Suecia (25%), Alemania (19%) y Suiza (7.7%), aunque esta última está en negociaciones para disminuir este índice.

Por otro lado, otros países como Canadá, Irlanda y Sudáfrica sí han alzado la mano al momento de buscar igualdad de género y reducir el injusto impuesto rosa.

¿Qué podemos hacer para combatir la tasa rosa?

Al leer este artículo has dado uno de los pasos más importantes para combatirlo. Obtener información y transmitirla genera que haya más conciencia en las usuarias y que no se dejen guiar solo por la apariencia de los artículos “destinados” solo para mujeres.

Así, puedes optar por consumir artículos como máquinas de afeitar para hombres y no solo te ahorrarás un porcentaje en la compra, sino que aportas un grano de arena en las estadísticas que toman en cuenta los mercadólogos al establecer preferencias y precios para el consumidor.

Aunque apenas se está abriendo el campo a la investigación, denuncia y conciencia social sobre el tema, anteriormente no se contaban con suficientes estudios para denominar un posible impuesto extra que se añadieran a la desigualdad de género.

Sin embargo, que la comunidad científica, organizaciones no gubernamentales, influencers y activistas estén volteando sus esfuerzos hacia este asunto, podrá tener resultados en obtener mayor igualdad entre géneros, al menos, en los productos que decidimos adquirir.

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