Haz memoria: ¿cuántos anuncios de compresas y tampones has visto en tu vida? ¿Cientos? ¿Miles? Ahora la segunda pregunta: ¿cuántos anuncios de copas menstruales recuerdas? Probablemente ninguno. Esa asimetría no es casualidad, y entender el marketing de compresas y tampones —sus tácticas, sus cifras y su modelo de recompra— explica por qué millones de mujeres tardaron décadas en enterarse de que existían alternativas reutilizables. Uno de los retos que tiene la copa menstrual frente a las compresas y tampones son los prejuicios: el tabú no se origina en la copa en sí misma, sino en la menstruación y la anatomía femenina, un pudor cultivado generación tras generación. En este artículo lo desmontamos con datos verificables, no con teorías: al final, todo se reduce a un modelo de negocio.
¿Por qué el estigma? Pregúntales a las marcas de compresas y tampones
El marketing busca generar modelos a seguir: te muestra el estilo de vida deseable y cómo te verán los demás según tus elecciones. No significa que quienes lo hacen sean malvados — buscan venderte un producto, como cualquier empresa. Lo interesante es qué han elegido venderte durante décadas las marcas de compresas y tampones: discreción. Desde niñas se nos enseña que «de eso no se habla»; en la primera regla nos dan una compresa para que la sangre desaparezca rápido y sin testigos. Esa cultura del secretismo fue formada y reforzada por la publicidad de las grandes marcas: la gran promesa de sus anuncios nunca fue tu comodidad, sino que nadie notara que tenías la regla.
Las cuatro tácticas del marketing de compresas y tampones

- El miedo: «que no se note, que no huela, que no traspase». La vergüenza es el motor de compra más rentable que existe, porque nunca se agota.
- El perfume: compresas «con frescor», tampones perfumados, desodorantes íntimos. Se inventó un problema (tu olor natural) para vender su solución — cuando la ginecología lleva años avisando de que perfumes y fragancias en la zona íntima irritan más de lo que arreglan.
- El líquido azul: el cliché de los comerciales con la sangre «azul» sobre la compresa. Hasta hace muy poco, mostrar sangre menstrual roja era «demasiado gráfico». Media humanidad menstrúa y su publicidad la pintaba de color limpiacristales.
- Los eufemismos: «esos días», «estar mala», «cosas de chicas». La vergüenza que sentimos incluso al nombrar la menstruación tiene sus raíces en esa publicidad. ¿O acaso los hombres se avergüenzan de sus procesos corporales?
El resultado de cincuenta años de estas cuatro tácticas es el estigma que aún hoy nos acompaña — y que analizamos también desde el precio en el impuesto rosa: pagas más por menstruar.
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Las marcas de compresas y sus motivos mercantilistas

Seamos justos: no hace falta ninguna conspiración para explicar esto, ni un plan maestro para mantener a nadie bajo ningún yugo. Basta con mirar la cuenta de resultados. Las empresas de desechables, como cualquier empresa, deben proteger sus intereses — y su negocio es la recompra mensual. Los números, que puedes comprobar en el ticket de cualquier supermercado:
- Una consumidora media gasta entre 5 y 10 € al mes en compresas y tampones: entre 60 y 120 € cada año, cada año de su vida fértil.
- En 10 años, eso suma entre 600 y 1.200 € por persona, ida sin retorno al cubo de la basura.
- Una copa menstrual cuesta 14,99-19,99 € una sola vez y dura años. Incluso renovándola con más frecuencia de la necesaria, la década sale por 30-45 €.
Ahora ponte en el consejo de administración de un fabricante de desechables: ¿invertirías millones en anunciar un producto que tu clienta compra una vez y no vuelve a necesitar en años? Claro que no. Por eso la copa, las braguitas menstruales o la esponja no tienen quien las anuncie en horario de máxima audiencia: no es censura, es matemática publicitaria. El silencio en torno a las reutilizables es el resultado lógico de un mercado donde solo se anuncia lo que se recompra. Lo contamos con toda la historia en nuestro artículo bandera: por qué nadie te habló antes de la copa menstrual.
Para nosotras es un gasto anual importante; para el planeta, además, una montaña de residuos con una huella de carbono que ya analizamos producto a producto. Y la copa, de paso, es una excelente herramienta para conocer la cantidad y el color de tu flujo menstrual, un indicador de salud que las compresas literalmente absorben antes de que puedas mirarlo.
El tabú a la copa menstrual
En nuestro artículo «Mitos sobre la copa menstrual» repasamos los prejuicios que aún frenan a muchas usuarias: que si no es higiénica, que si «te hace perder la virginidad»… Por su condición de mitos, conviene decirlo claro: son afirmaciones falsas. La evidencia científica va justo en la dirección contraria: la revisión sistemática de The Lancet Public Health (43 estudios, más de 3.300 participantes) concluyó que la copa menstrual es segura y presenta fugas iguales o menores que tampones y compresas, y los casos descritos de síndrome del shock tóxico asociados a la copa son extraordinariamente raros.
El tabú, además, exige tocarse: para elegir talla hay que localizar el cérvix, para vaciarla hay que mirar la sangre. Para muchas chicas eso es impensable al principio, y no es su culpa: es el pudor aprendido del que hablábamos arriba. Pero no debes temer a tu sangre menstrual — es un excelente indicador de tu salud, y si extraes la copa correctamente, lo más probable es que ni te manches. La buena noticia: la cantidad de información que manejan hoy las consumidoras ha obligado a las propias marcas de desechables a suavizar su discurso y lanzar campañas de «educación menstrual». El tabú se está agrietando, aunque el modelo de recompra siga intacto.
El efecto wow: lo que pasa cuando descubres las reutilizables

Hay un patrón que se repite en miles de opiniones de usuarias de copa, también entre nuestras clientas: la frase «¿por qué nadie me habló de esto antes?». Ese es el efecto wow — y ahora ya sabes la respuesta a la pregunta: nadie te lo contó porque contártelo no le salía rentable a quien pagaba los anuncios. Doce horas de protección, cero residuo, cero recompra, y la sensación de haber recuperado el control sobre algo que llevaba toda la vida externalizado a un lineal de supermercado. Si quieres dar el paso con red, empieza por nuestra guía de transición desde tampones y compresas: tres ciclos de adaptación y las cuentas —las tuyas, no las de ellos— salen solas.
¿Por qué no se anuncian las copas menstruales en televisión?
Por pura matemática publicitaria: una copa menstrual se compra una vez y dura años, así que no genera la recompra mensual que financia las grandes campañas. Las marcas de compresas y tampones invierten en publicidad porque su cliente vuelve cada mes; un producto reutilizable no sostiene ese modelo.
¿Cuánto dinero se gasta al año en compresas y tampones?
Una consumidora media gasta entre 60 y 120 euros al año en productos desechables (unos 5-10 euros al mes), lo que suma entre 600 y 1.200 euros en una década. Una copa menstrual de 14,99-19,99 euros cubre años de reglas con una sola compra.
¿Por qué los anuncios de compresas usaban líquido azul en lugar de sangre roja?
Porque durante décadas mostrar sangre menstrual roja se consideraba demasiado gráfico para televisión. El líquido azul, junto al miedo a que se note, los perfumes y los eufemismos como “esos días”, forma parte de las tácticas clásicas del marketing de compresas y tampones que reforzaron el tabú menstrual.
¿Es segura la copa menstrual comparada con tampones y compresas?
Sí. La revisión sistemática publicada en The Lancet Public Health (43 estudios, más de 3.300 participantes) concluyó que la copa menstrual es segura y presenta fugas iguales o menores que tampones y compresas. Los casos de síndrome de shock tóxico asociados a la copa son extraordinariamente raros.
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Sigue leyendo:
- Por qué nadie te habló antes de la copa menstrual — la historia completa del silencio publicitario, contada por nuestro fundador.
- Impuesto rosa: pagas más por menstruar — cuando además de la recompra mensual, el precio lleva recargo de género.
- La huella de carbono roja — lo que una década de desechables le cuesta al planeta, en cifras.



