¿Sabías que una compresa desechable convencional puede contener hasta un 90 % de plástico, aunque por fuera parezca «solo tela»? Si buscas reducir tu contacto con plástico y con posibles químicos añadidos sin renunciar a algo tan sencillo como una compresa, las compresas de algodón son uno de los cambios más fáciles de hacer. Te explicamos qué mirar antes de comprar y qué opciones existen realmente sin plástico.
Por qué elegir compresas de algodón en lugar de compresas convencionales
Las compresas desechables estándar suelen combinar celulosa con capas de polietileno o polipropileno (el «plástico» que las hace impermeables) y, en algunos casos, geles superabsorbentes sintéticos. Una compresa de algodón orgánico certificado, en cambio, prescinde de esas capas plásticas en contacto con la piel, reduciendo tanto el residuo generado como el roce de materiales sintéticos en una zona especialmente sensible. Si te interesa el contexto completo sobre qué llevan realmente las compresas convencionales, lo desglosamos en análisis comparativo de marcas de compresas y tampones.

Qué mirar en la etiqueta antes de comprar
No todo lo que se anuncia como «de algodón» lo es al 100 %. Antes de comprar, revisa estos cuatro puntos:
- Composición real: busca «100 % algodón orgánico» en la capa que toca la piel, no solo «con algodón» (una mención parcial no garantiza ausencia de plástico en el resto de capas).
- Certificación OEKO-TEX Standard 100: garantiza que el tejido se ha analizado y está libre de sustancias nocivas para la salud, un estándar exigente que va más allá de lo que exige la normativa mínima.
- Sin cloro ni blanqueantes: el blanqueo con cloro puede dejar residuos de dioxinas; el algodón orgánico no necesita este proceso para tener un aspecto limpio.
- Sin fragancias añadidas: los perfumes son una causa frecuente de irritación en la zona íntima; un buen producto de algodón no los necesita.

Qué dice la evidencia sobre los químicos en productos menstruales
Un estudio publicado en 2025 en la revista Environment International analizó la composición química de 64 productos de higiene íntima y menstrual —incluidos tampones, compresas, copas y esponjas, de fabricantes de la UE, EE. UU. y China— buscando sustancias potencialmente peligrosas. El análisis detectó 55 compuestos distintos en la fase de extracción (ftalatos, siloxanos, compuestos orgánicos volátiles, fragancias y aditivos plásticos), pero al simular las condiciones reales de uso, el 65 % de esos compuestos no llegaba a liberarse en cantidades detectables. De los 19 compuestos que sí migraban en condiciones reales, la mayoría eran fragancias y ftalatos, en niveles que los autores describen como bajos (de partes por billón a partes por millón). La conclusión de los propios investigadores es clara: la mayoría de sustancias potencialmente peligrosas presentes en estos productos no se detecta en condiciones reales de uso, pero la exposición a ftalatos y fragancias sigue siendo posible. Es precisamente esa posibilidad la que justifica elegir productos certificados y sin fragancias añadidas cuando existe alternativa, como el algodón orgánico OEKO-TEX. Puedes consultar el estudio completo en PubMed.
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Compresas de algodón desechables vs. reutilizables: diferencias reales
Dentro de las opciones «de algodón» hay dos categorías bien distintas. Las compresas de algodón desechables sustituyen las capas plásticas por materiales de origen vegetal biodegradable, pero siguen siendo de un solo uso: reducen el contacto con plástico en la piel, aunque generan residuo igualmente cada ciclo. Las compresas de algodón reutilizables (de tela, con cierre de botones) se lavan y se usan durante años, reduciendo tanto el residuo como el gasto recurrente. El siguiente paso natural dentro de esta misma filosofía —comodidad de compresa, cero residuo, cero plástico— son las braguitas menstruales de algodón orgánico: llevan la absorción integrada en el propio tejido, sin necesidad de colocar ni retirar nada aparte.

Por qué la industria no habla tanto de esta opción
Un paquete de compresas convencionales se compra, se usa en unos días y se repone al mes siguiente, mes tras mes, año tras año: es un negocio de recompra constante. Unas braguitas menstruales de algodón orgánico, en cambio, se compran una vez y duran años bien cuidadas, lo que explica en parte por qué no reciben la misma inversión publicitaria que un producto que hay que reponer cada 28 días. No es una teoría de conspiración, es simple lógica de negocio: quien vende algo que dura años tiene mucho menos incentivo para gritarlo que quien vende algo que se agota cada mes.
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Cómo cuidar las compresas de algodón reutilizables
Si optas por compresas de algodón reutilizables, el mantenimiento es sencillo: enjuaga con agua fría nada más quitarlas (el agua caliente fija la sangre en la fibra y complica la limpieza), y después pueden lavarse en la lavadora con el resto de la colada a temperatura moderada, sin suavizante, que reduce la capacidad de absorción del algodón con el tiempo. Sécalas al aire siempre que sea posible para conservar mejor la fibra. Es el mismo principio de cuidado que aplicamos a las braguitas menstruales de algodón orgánico: un enjuague, un lavado normal y listas para el siguiente ciclo, durante años.
Muchas mujeres empiezan combinando compresa de algodón reutilizable para los días de flujo ligero con copa menstrual para los días fuertes; si prefieres directamente la comodidad de no tener que colocar ni retirar nada, la Sileu Rose es la copa pensada para dar ese salto sin complicaciones desde el primer ciclo.
Cuánto se ahorra (y cuánto plástico se evita) con el cambio
Una usuaria media gasta entre 5 y 10 € al mes en compresas y tampones desechables, lo que supone entre 60 y 120 € al año, cifra que se repite cada año durante décadas de vida fértil. Unas braguitas menstruales de algodón orgánico, con un cuidado básico de lavado, se amortizan en pocos meses y siguen siendo útiles durante años. En términos de residuo, cada compresa desechable puede tardar cientos de años en degradarse por sus componentes plásticos; sustituir aunque sea parte del ciclo por opciones reutilizables reduce ese impacto de forma directa y medible. Profundizamos en el impacto ambiental completo en huella de carbono roja: impacto del uso de compresas y tampones y en vivir sin plástico: menstruar sin dañar los océanos.
Si además te preocupa el sobrecoste que a veces se paga por productos de higiene femenina frente a equivalentes «neutros», te interesa impuesto rosa: pagas más por menstruar, y si quieres dar el salto completo hacia productos reutilizables paso a paso, no te pierdas transición a la copa menstrual: cómo dejar de usar tampones y compresas.
¿Las compresas de algodón son realmente sin plástico?
Solo si están certificadas al 100% de algodón orgánico en todas sus capas, incluida la base. Muchas compresas que se anuncian «con algodón» mantienen capas de plástico en la base o en el núcleo absorbente; conviene revisar la etiqueta completa.
¿Qué certificación debo buscar al comprar compresas o braguitas menstruales de algodón?
La certificación OEKO-TEX Standard 100, que garantiza ausencia de sustancias nocivas en el tejido tras análisis de laboratorio. Es el estándar que también llevan las braguitas menstruales Sileu.
¿Las compresas convencionales llevan químicos peligrosos?
Un estudio de 2025 en Environment International analizó 64 productos menstruales y encontró que, aunque se identifican decenas de compuestos en el material, la mayoría no se libera en cantidades detectables durante el uso real; sí puede haber exposición a trazas de ftalatos y fragancias, lo que justifica preferir productos certificados sin fragancias.
¿Las braguitas menstruales de algodón sustituyen del todo a la compresa?
Para flujo ligero a moderado, sí, sin necesidad de nada más. Para regla abundante, muchas usuarias las combinan con una copa menstrual como refuerzo en los días de mayor flujo.
¿Cuánto se ahorra pasándose a compresas de algodón reutilizables o braguitas menstruales?
Frente a un gasto medio de 60-120 € al año en desechables, una braguita menstrual de algodón orgánico se amortiza en pocos meses y dura años, lo que supone un ahorro acumulado significativo con el paso del tiempo.
Sigue leyendo:
- Transición a la copa menstrual — cómo dejar atrás los desechables paso a paso, sin agobios.
- Vivir sin plástico: menstruar sin dañar los océanos — el impacto ambiental real de cada opción, explicado con datos.
- Análisis comparativo de marcas de compresas y tampones — lo que el etiquetado no siempre deja claro.




