Huella de carbono roja: impacto del uso de compresas y tampones

La ola de conciencia por el cambio climático es inminente. A propósito de la Cumbre del Clima (COP25) que se celebró este 2019 en Madrid, la búsqueda por frenar el galope de la constante huella de carbono que dejan nuestras actividades en el planeta, ha movilizado a los líderes y activistas más influyentes del mundo, excepto a algunos (los más perjudiciales) que decidieron hacer caso omiso al calentamiento global, como EEUU y China.

Todas las actividades que realizamos, desde comprar una prenda de vestir hasta ir en coche a casa, producen una huella de contaminación en el planeta. Además, como ya venimos hablando en nuestros artículos anteriores, las mujeres generamos un impacto grandísimo incluso sin quererlo, ya que cada mes arrojamos un promedio de 10 productos de higiene menstrual que terminan afectando los océanos.

Por supuesto, no es nuestra culpa ya que la industria de productos de higiene íntima se ha encargado de formar la cultura de “mancha y tira a la basura”, pero sí que podemos tomar las riendas para reducir las asombrosas cifras de la huella de carbono generada por productos como tampones y compresas.

En primer lugar, vamos a ponerte en contexto: ¿Qué significa dejar una huella de carbono? Veámoslo.

¿Qué es la huella de carbono?

Te despiertas en la mañana, enciendes la cafetera, te das una ducha con agua caliente y sales en tu coche a trabajar. Aunque no lo creas, todas las acciones que realizas producen un efecto en el planeta, y eso es lo que ambientalmente se conoce como una huella.

La huella de carbono es la cantidad de emisiones de gas de efecto invernadero que producen las actividades diarias de cada persona, así como los procesos de fabricación e industria de los productos que usamos y consumimos en la cotidianeidad. Es la marca expresada en toneladas de CO2 equivalente de lo que deja nuestro paso por el planeta.

De esta manera, la fabricación de esa cafetera que encendiste en la mañana dejó una emisión de CO2 a la atmósfera; la electricidad o el gas empleado para calentar el agua, también. El combustible de tu auto y hasta tu desayuno requieren una serie de procesos de manufactura que dejan emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

Se ha determinado que el 95% del calentamiento global es generado por la contaminación que produce la actividad humana, de acuerdo con el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Por esta razón, actualmente se han elaborado parámetros y calculadoras que permiten cuantificar esas emisiones durante el ciclo de vida de los productos y servicios, desde la materia prima, manufactura, transporte, uso y desecho de estos.

Estos estándares, de los que hablaremos más adelante, se encargan de medir también nuestros hábitos: cuánta energía eléctrica empleamos, cantidad de tiempo que pasamos en el coche, cada cuánto compramos prendas de vestir o calzado, o hasta cuánta carne y productos animales comes semanalmente.

De hecho, el boom por conocer nuestra huella de GEI se ha focalizado en los últimos tiempos en el consumo de la carne y cuán nociva e insustentable es la actividad ganadera para el planeta Tierra, pero eso es ya otro tema.

 

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En fin, en las calculadoras de la huella de carbono se toman en cuenta muchos aspectos de la vida cotidiana, pero hay algunos renglones que tienen un gran peso que no son incluidos: el uso MASIVO y aparentemente ineludible de productos de higiene menstrual como compresas y tampones.

Pero ¿De verdad genera tanto daño la fabricación de estos artículos como para incluirlos en la lista? Vamos a ponerlo en perspectiva.

Cuánto le cuesta al planeta la producción de tampones y compresas

Desde hace aproximadamente un siglo, se comenzó a fabricar estos productos de higiene íntima que podrías desechar en cada uso: fácil, práctico y sobre todo, sin tener que ver la sangre menstrual. Todo esto, a un alto costo: en promedio durante 12 meses, cada mujer menstrúa cada mes durante 5 días, en los que se usa al menos 2 compresas o tampones, por una media de 40 años de vida fértil de la mujer.

Las matemáticas arrojan aproximadamente el increíble total de 4.800 productos, por ¡Cada mujer! Entonces, sí: las compresas y tampones son altamente contaminantes porque cada vez que desechamos una compresa termina en los océanos y nunca llega a biodegradarse.

Por otro lado, y a lo que vamos en este artículo, la fabricación de estos productos deja una huella gigantesca. De acuerdo con la organización “The Eco Guide”, la producción de tampones (ya sean hechos de algodón o de polipropileno) dejan una huella de carbono de aproximadamente entre “14,3 y 7,58 Kg de CO2 equivalente; el algodón requiere de 3,06 Kg de CO2 y el rayón un promedio de 4,8 Kg” del mismo gas. Y en cuanto a las compresas, sus cifras rodean los 5.3 Kg de dióxido de carbono equivalente.

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Quizás a simple vista no logres entender la magnitud, por lo que podemos comparar esas cifras con la cantidad de kilogramos de carne de cerdo consumida en España. Por ejemplo, cada kilo de cerdo que se produce genera 4,8 Kg de CO2, y por cada kilo de pollo, 3.5 Kg de este gas.

Más impactante aún, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la cantidad de estos desechos menstruales anuales produce casi 15 millones de toneladas de GEI, lo que podría equivaler (y prepárate)… a la quema de 35 millones de barriles de petróleo.

¿Por qué genera tanto CO2 mis compresas y tampones?

Todo reside en la fabricación de sus materiales. Una compresa menstrual contiene diferentes materiales como algodón, rayón, diferentes tipos de plástico, blanqueantes, súper absorbentes, etc. Lo mismo sucede con los tampones y sus envoltorios.

Para producir el algodón de tus tampones y compresas, se requiere del uso de grandes riegos de agua (por eso el algodón también deja una huella hídrica), pesticidas y herbicidas.

Como lo afirmamos anteriormente, solo el algodón destinado a las compresas menstruales genera 3,06 Kg de CO2. Eso, sin pasar por el proceso de blanqueamiento que les da ese blanco limpio y fluorescente a tus productos de higiene íntima.

Fuente: ‘Greenhouse Gas Emissions from Agriculture, Forestry and other Land Use’

Para blanquear estas fibras, se necesitan de procesos de incineración con cloro, uno de los procedimientos más contaminantes del mundo que, a su vez, requiere de industrialización, responsable del 21% de las emisiones de gases invernadero, y de energía, responsable del 35% de estos. Todo se convierte en una cadena de generadores de dióxido de carbono responsable del calentamiento global.

Esto nos lleva a uno de los mayores problemas ambientales existentes en la actualidad: el plástico. Las compresas sanitarias contienen polímeros como el polipropileno, polietileno y poliéster. Estos también están presentes en las bolsas plásticas para ir de compras, en envases para guardar comida, etc. Y todos ellos son derivados de la quema de combustibles fósiles.

De acuerdo con Carrol Muffet, cabeza del Centro de Derecho Ambiental Internacional (CIEL, por sus siglas en inglés) “las emisiones de GEI por producción e incineración de plásticos podría alcanzar las 56 gigatoneladas de CO2 entre este 2019 y el año 2050”. De manera más simple, se traduce en 56 billones de toneladas de GEI.

Todo esto aunado al tema de que el plástico no se biodegrada y se acumula durante años en los océanos, formando islas cuya superficie podría alcanzar a ser 4 veces mayor que la de España.

La mejor opción: La copa menstrual

Después de haber visto que todo genera una huella de carbono y lo nocivos que son los tampones ¿Cuál es la huella de carbono de las copas menstruales?

La copa menstrual ha traído beneficios no solo para la salud íntima, sino para el medio ambiente en todos los aspectos. Está hecha de silicona de grado médico, un producto elaborado a partir del silicio en combinación con oxígeno y otros elementos.

En comparación a los 5.3 Kg de CO2 de las compresas y los 7.58 Kg de este gas de los tampones, la fabricación de las copas menstruales sólo dejará un 2.71 Kg de dióxido de carbono en el planeta, lo que reduce ampliamente el impacto ambiental que genera nuestra higiene durante la menstruación.

Además, esta es una excelente opción para reducir nuestro daño en el ambiente porque solo requerirás comprar una sola copa menstrual en un lapso de hasta 10 años. Así estarás evitando que miles de desechos sean vertidos en los mares y que los microplásticos desintegrados de ellos, pasen a afectar a especies y ecosistemas.

Formas de reducir tu huella de carbono en la Tierra

Esta es la primera fase de tu contribución con nuestro planeta. El desafío de las grandes organizaciones ambientalistas es generar un cambio en los hábitos de las personas.

Como lo explicamos anteriormente, se han creado protocolos que deben seguir tanto los fabricantes de productos como las organizaciones para procurar reducir su impacto ambiental. Para ello, la norma ISO 14067-2018, mantiene regulaciones para las empresas e industrias fabricantes de los distintos rubros de consumo a nivel global.

En España se ha creado el Registro de la Huella de Carbono, que busca diluir la cantidad de emisiones de CO2 que produce el país anfitrión de la Cumbre por el Clima este diciembre de 2019. Entre los países con mayor generación de GEI en el mundo están China, EEUU, India, Rusia, Japón y Alemania.

Por otro lado, para reducir tu huella de carbono personal, puedes empezar calculando tu consumo actual en cuanto a transporte, calefacción, uso de equipos electrónicos, vestimenta y alimentación. Asimismo, puedes comenzar por aplicar gradualmente la filosofía del Zero Waste, reusar y reciclar los productos de plástico y rechazar aquellos que no necesites.

Anímate a usar la copa menstrual. Es una de las formas más eficientes para saber que tu menstruación no es vehículo de contaminación y que puedes hacerla mucho más sustentable y sostenible para el planeta Tierra.

Glifosato y químicos nocivos en los tampones y compresas

En nuestro artículo acerca de “Vivir sin plástico: como menstruar sin dañar los océanos”, hablamos acerca de los agentes contaminantes que trae cada uno de los componentes de los tampones y compresas sanitarias, los cuales son nocivos para el medio ambiente. Ahora, hablaremos de los estragos que ocasionan productos como los herbicidas en nuestro cuerpo y que no solo están en compresas y tampones, sino hasta en los pañales para bebés y algodón de uso común.

Si no eres agricultor o estás involucrado en algún movimiento ambientalista, es probable que no hayas escuchado (o leído) la palabra glifosato, ni qué son las dioxinas, o que Monsanto está demandando a la Organización Mundial de la Salud (OMS) para que se retracte en su afirmación de decir que su producto estrella es un cancerígeno potencial y masivo.

Pues sí, en los tampones y compresas sanitarias que usa un tercio de la población mundial (asumiendo que esa es la cantidad de mujeres menstruantes en el mundo), está presente un coctel tóxico inherente en cada uno de los materiales utilizados para su fabricación.

Cabe destacar la grave que es el asunto, sabiendo que estos productos no son de usos esporádicos (vamos, ojalá tuviéramos que soportar la regla una vez al año) y que los tejidos y mucosa vaginal permean todos los componentes químicos que están en contacto con ella hacia el resto del organismo. Así, cada mes y por varios días debes lidiar con la exposición a estos agentes que son nocivos para tu salud, a menos que uses la copa menstrual.

Ahora, la pregunta es ¿Cuál es el daño real que pueden producir en nuestros cuerpos esta mezcla tóxica?

Para responder esa interrogante, veamos de qué se tratan.

Monsanto y el glisofato: herbicidas para el algodón

El glifosato es el herbicida con el que tratan el algodón de tus compresas y tampones. ¿Por qué lo usan?

Roundup de Monsanto comenzó a comercializarse en la década de los 70 a nivel global y de allí no paró. Este el nombre comercial que le dio esta compañía norteamericana de productos para la agricultura al componente glifosato, que es un herbicida potente y el más usado en los sembradíos a nivel mundial.

Contiene ciertas enzimas que atacan las hierbas y las eliminan en su totalidad, ya que no necesita penetrar hasta la raíz sino que actúa directo desde las hojas de las plantas. Así, ha sido el preferido de los agricultores para mantener las malezas al margen.

Por supuesto, así como elimina hierbas no deseadas, también puede atacar a los productos de los sembradíos, por lo que la compañía Monsanto, desde 1996, comenzó a producir semillas transgénicas (modificadas genéticamente) para plantas resistentes al Roundup, entre las que se incluía la soya, el algodón, canola y maíz.

De esta manera, los agricultores podrían rociar el glifosato en las plantaciones deshaciédose de la maleza sin miedo de alterar el cultivo. La eficacia del glifosato era notable entre los agricultores, pero, de acuerdo con estudios posteriores, a un alto costo para la salud.

Según estudios de la OMS en el 2015, el glifosato ocasiona daños a nivel cromosómico en el ADN de las células de animales y, por consiguiente, se concluyó que el glifosato es “probablemente cancerígeno para los seres humanos”.

Resultado de imagen para glifosato en algodonEstas declaraciones de la OMS generaron una ola de investigaciones de productos para la salud que involucraban el algodón en los que se incluían las compresas y tampones. Se comprobó que había vestigios de glifosato en sus componentes, por lo que países como Canadá y Francia retiraron del mercado cientos de productos para la menstruación entre las marcas más conocidas como Tampax y Always. Esto resultó en un efecto dominó hasta en 74 países.

De hecho, de acuerdo con un estudio realizado por investigadores de la Universidad Nacional de la Plata (Argentina), en el que estudiaron todo tipo de artículos a base de algodón como gasas, hisopos y por supuesto, los productos menstruales, se determinó que “el glifosato, ingrediente activo del herbicida Roundup de Monsanto, fue encontrado en el 85% de los tampones“.

El problema es que, en lo sembradíos de algodón, el herbicida se esparce justo antes de su cosecha cuando el capullo está abierto, lo que deja impregnadas las fibras de algodón que luego serán utilizadas para distintos fines, incluyendo gasas, pañales para bebés y productos menstruales.

Sin embargo, Monsanto aún afirma que su producto es seguro para la salud y que solo perjudica a plantas y algunos microbios… y a sus intereses empresariales. Aunque en la actualidad no es la única en utilizar el glifosato, la compañía afirma que su componente estrella afecta solo a enzimas presentes en plantas que no están presentes en humanos ni el resto de los animales, y que, por este motivo, no es una amenaza para la salud.

En esta controversia entre Monsanto (ahora perteneciente a Bayer) y la OMS, quien tienen más que perder es la gigante transnacional con fines lucrativos, por lo que siempre defenderán a sus intereses y no necesariamente al tema de la salud.

Dioxinas: ligadas al cáncer y a tus compresas menstruales

Pasamos de cómo tratan el algodón con el que hacen tus productos de higiene menstrual, al color blanco fluorescente que los caracteriza. Ese color es producto del blanqueamiento que involucra procesos como la incineración con cloro, lo que a su vez produce hidrocarburos clorados que descargan las moléculas más contaminantes dispersas en el planeta: las dioxinas.

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Según investigaciones de distintas organizaciones, el tipo de dioxina más nociva tiene un alto grado de potencialidad cancerígena, que afecta al sistema inmunológico, endocrino y reproductivo produciendo enfermedades desde diabetes hasta el cáncer.

Según la OMS, estos químicos tóxicos pueden permanecer en los tejidos adiposos del cuerpo hasta por 11 años y “Debido a la presencia generalizada de dioxinas, todas las personas tienen antecedentes de exposición”. Esto ocurre debido a que las dioxinas están catalogadas como contaminantes orgánicos persistentes (COP), lo que en pocas palabras se traduce que no se biodegradan nunca.

Además, los tejidos de la vagina son altamente permeables, por lo que todos los agentes químicos que estén en contacto con tu zona íntima pasarán fácilmente al resto de tu organismo acumulándose por años y años cada vez que usas un tampón o compresa sanitaria.

Aunado a esto, ¿Sabías que sí existe tal cosa como la acumulación de químicos en el cuerpo? Esto se denomina bioacumulación o acumulación tóxica. Además, las dioxinas pueden pasar a través de tu plasma sanguíneo por el cordón umbilical y afectar la salud del bebé y producir defectos congénitos.

Otros químicos en los componentes de los artículos de higiene femenina

El herbicida como el glifosato y los contaminantes del cloro como las dioxinas no son los únicos componentes nocivos para la salud que traen los tampones y compresas. Otros compuestos son:

  • Ftalatos: un componente sintético que se le agrega a materiales de plástico para darles mayor flexibilidad, presentes en el plástico de las compresas.
  • Pesticidas: así como el herbicida para la maleza, los cultivos son tratados con pesticidas como el lindano y quintoceno (prohibidos ya en muchos países) que se han encontrado presentes en el algodón de las compresas y tampones.
  • Cloro: el principal blanqueante de estos productos.
  • Poliacrilato de sodio: ¿Qué es lo que hace que las compresas sean tan absorbentes? Este polímero superabsorbente y súper nocivo asociado al Síndrome de Shock Tóxico.

Te puede interesar: Contenido de la sangre menstrual

No más contaminantes: ¿Qué puedo hacer al respecto?

Nuevamente a nuestro rescate sale a flote la copa menstrual: una opción segura para tu cuerpo y para el medio ambiente. Es un producto que ha cobrado popularidad en los últimos años y que, según los estudios médicos, es segura para la salud.

Nuestras SileuCup están hechas de silicona de grado médico, un material 100% hipoalergénico que no desprende sustancias tóxicas ni cancerígenas.

Además, puedes optar por utilizar compresas de tela orgánica, ya que actualmente en el mercado se encuentran textiles con sellos que indican que están libre de tóxicos y pesticidas.

 Informa, comparte y crea conciencia. El hecho de que estés leyendo este artículo te da las herramientas para cambiar el rumbo de tu salud y hacer eco de lo que está sucediendo es la forma de ayudar a muchas otras mujeres.

Visita nuestro artículo: Zero waste ¿Es compatible con la menstruación?

Vivir sin plástico: menstruar sin dañar los océanos

El tema de la reducción del uso del plástico y las campañas ambientalistas está en voga. No usar botellas de plástico, rechazar las bolsas plásticas, adiós a las pajillas y mucho más, son parte de la campaña mundial que se vive para dejar atrás el uso de estos polímeros. Sin embargo, vivir sin plástico no es tan fácil como parece, sobre todo para el 50% de la población mundial que menstrúa.

No podemos simplemente ignorar la menstruación. A pesar de que la reducción del consumo de plástico es un tema de crecida popularidad, seguimos sin hablar de los residuos menstruales. Por ese motivo surge la interrogante: ¿Cuál es el impacto ambiental que deja el uso de productos como compresas y tampones a nivel mundial? Vamos a ponerlo en perspectiva.

Vivir sin plástico: ¿Cuánto plástico usamos las mujeres durante la regla?

Saquemos las matemáticas menstruales. Todas las mujeres menstruamos durante al menos 40 años de nuestras vidas. Cada menstruación, en promedio, dura 5 días (días más, días menos). Por cada día de nuestra regla, usamos al menos 2 compresas sanitarias o tampones.

Utilizamos una media de 10 productos de higiene menstrual cada mes, los cual nos arroja 120 compresas y tampones en un año. Estos 120, multiplicados por los 40 años de vida fértil, nos da unos 4.800 tampones y/o compresas desechados y acumulados ¡Por cada mujer!

Llevamos más de medio siglo acumulando grandes cantidades de basura derivada de nuestra menstruación. Según estudios, cerca de 20 billones de desperdicios de toallas, tampones y empaques menstruales se acumulan anualmente en las costas norteamericanas.

isla de plastico

Actualmente, se ha formado una isla de plástico en el océano pacífico que cubre una superficie estimada de 1.6 millones de km2, es decir, 3 veces la superficie de Francia y casi 4 veces la de España. Esto, de acuerdo con la revista académica Nature Research Journal. El 99% de la basura que allí se encuentra son productos derivados del plástico.

No podemos detener la menstruación, pero podemos hacerla más sustentable y vivir sin plástico en el intento. ¿Cómo? Te lo diremos más adelante.

¿De qué están hechos los productos menstruales?

Debido a la publicidad de artículos menstruales que alardean sobre lo gentiles que son sus productos, muchas mujeres se preguntarán ¿Acaso no están hechos de algodón mis compresas y tampones?

Hasta no hace mucho, las grandes empresas productoras de tampones, aplicadores y toallas sanitarias no revelaban el contenido exacto de los artículos de higiene menstrual. Todo esto porque lo que importaba no era de qué estaban hechos, sino lo práctico de poder desechar cada uno de los productos en cada uso. No habría necesidad de ver, tocar ni lavar nada.

Sin embargo, ante la presión de las masas cada vez más conscientes, las grandes compañías han tenido que revelar sus ingredientes esenciales: algodón, rayón, cloro, polipropileno (plástico puro), polietileno, poliacrilato, etc.

A pesar de ser un producto natural, los sembradíos de algodón suelen ser tratados con fertilizantes y pesticidas que causan un impacto en el ambiente. Por otro lado, el rayón es un textil sintético que usa blanqueantes como el cloro, y al cual se le asocia directamente con el Síndrome de Shock Tóxico.

El polipropileno, poliéster y polietileno son usados en las distintas capas que permiten que tu compresa reciba y retenga la sangre menstrual. El poliacrilato es el mágico gel que le da el poder absorbente a estos productos, y está presente tanto en toallas como en algunos tampones.

Muchos de estos componentes están en las bolsas plásticas de los supermercados y artículos como envases que pueden ser reutilizables, pero sabemos que así como los pañales desechables, las compresas y tampones sólo pueden ser usadas una vez.

En el caso de los tampones, los cuales están hechos de fibras de algodón, suelen tener una pequeña capa de estos polímeros para mantener el algodón en su lugar. Asimismo, el cordón de donde se tira el tampón, suele estar hecho de polietileno o polipropileno.

Además, una investigación del Real Instituto de Tecnología de Estocolmo, encontró que el mayor causante del calentamiento global era el procesamiento del polietileno de baja densidad, el cual es el componente usado en los aplicadores de tampones. Este proceso requiere de alta generación de energía producida con combustibles fósiles.

¿Cuánto tardan los productos menstruales en degradarse?

Como ya vemos, las compresas y tampones están fabricados con diversos materiales.

Polímeros como el polietileno podrían tardar hasta 150 años en descomponerse. Normalmente, al plástico le toma hasta 1000 años en deshacerse. Diversos medios afirman que una compresa podría tardar alrededor de 300 años en degradarse, cifra que para los tampones varía según el factor de si estos contienen elementos de plástico o no.

A esto también hay que añadirle el impacto ambiental y la huella de carbono enorme que deja la extracción de la materia prima, transporte, manufactura y procesamiento de estos productos de higiene íntima. En un año, la fabricación de compresas puede producir el equivalente a 5.3 kg de dióxido de carbono que se libera a la atmósfera.

Otro problema grave es que el plástico común no es biodegradable. Se descompone en microplásticos vertidos en los mares y océanos, los cuales son ingeridos por especies marinas y que ponen en riesgo su habitabilidad en el planeta.

Además, estas micro partículas hacen que el trabajo de muchas organizaciones ambientalistas, las cuales se están encargando de sanear los océanos y las costas, sea mucho más difícil, por no decir imposible.

Cómo reducir la huella de carbono y hacer una menstruación más sustentable

Afortunadamente, vivir sin plástico es posible. Son muchas las opciones que tenemos las mujeres para contribuir con la causa y mantener nuestra buena higiene menstrual en el intento. Se ha determinado que la copa menstrual es una de las mejores opciones para reducir nuestra huella de carbono y los índices de desechos plásticos acumulados anualmente.

La copa menstrual es reutilizable hasta por 10 años. Está hecha de silicona de grado médico, un material a base de silicio, oxígeno y otros elementos naturales y, aunque no es biodegradable, puede ser reciclada. Existen muchas empresas que se encargan de fabricar otros productos a base de silicona.

Esto combina perfectamente con la filosofía de vida Zero Waste  (residuos cero), que pretende reducir el impacto ambiental y la contaminación desde el hogar. Además, a diferencia de los derivados plásticos que desprenden sustancias tóxicas, cancerígenas y mutagénicas, la silicona médica es completamente segura para el cuerpo.

A partir de Noviembre 2019, la bolsa de plástico que usamos con nuestras copas Sileu serán sustituidas por una bolsa de material biodegradable conocido como PLA (ácido poliáctico), que se extrae de la glucosa de plantas como el maíz y que, de acuerdo con la certificación europea EN 13432, se degrada en un lapso de 6 meses al estar en contacto con la tierra. De esta forma nuestros productos se convierten en productos con sin plástico y sin residuos.

Resultado de imagen para GOTSAsimismo, nuestras bolsitas para guardar la copa estarán hechas de algodón orgánico,100% compostable, bajo la certificación GOTS (Global Organic Textile Standard por sus siglas en inglés), que norma la producción de textiles que sean ecológica y socialmente sustentables.

Otras maneras de vivir sin plástico durante la menstruación son a través de compresas de tela reutilizables. Sin embargo, la copa menstrual sigue ganando la batalla frente al resto de los productos de higiene íntima, contribuyendo, además, a reducir la huella de carbono necesarias para su fabricación.

Zero Waste y la menstruación: ¿Son compatibles?

Decir que llevar una vida “zero waste” o sin tener ningún tipo de residuo puede sonar difícil. Vaya que es fácil llevar tu comida en un envase desechable, luego tirarlo al cesto y poder olvidarte de lavar platos o cubiertos.

Ciertamente, con la industrialización el plástico se volvió un boom: fácil de transportar, fácil de consumir, bajos costos y alta practicidad. Sin embargo, no fue hasta mediados de los 70 que la ciencia y organizaciones de la salud notaron algo importante: se nos agotaban los recursos a un ritmo aterrador, nuestra protectora capa de ozono tenía un agujero enorme y todo a causa de la contaminación y el consumo excesivo.

Afortunadamente, en la actualidad cada vez mas son las personas que valientemente deciden dar un paso para reducir los efectos de su huella en el planeta.

Por supuesto, reducir nuestros residuos es un reto, y mucho más cuando hablamos de higiene íntima. Con la menstruación y el uso de compresas y tampones, la misión suena cuesta arriba, pero hay algo positivo: no es imposible y de hecho es muy fácil.

Para muchos ya es un estilo de vida, pero si aún no es tu caso, existen muchos hábitos que puedes comenzar a realizar para contribuir con la causa y que no te harán sentir que estás sacrificando demasiado desde el comienzo.

Visita nuestro artículo: Cómo vivir sin plástico: menstruar sin dañar los océanos

Primero: ¿Qué es el zero waste?

No, no es un movimiento hippie. “Zero waste” es una corriente, movimiento y estilo de vida en el que el objetivo es reducir, lo más posible, los residuos y basura que generamos. Aunque su traducción es residuos cero, sabemos que quizás no es posible erradicar lo que debemos desechar, pero sí podemos reducirlo notablemente.

En primer lugar, debemos que aclarar que en esta filosofía tienen bien clara la diferencia entre lo que son los residuos y lo que es basura. La primera es todo aquello que pueda ser reusable y reciclable, como lo es el caso de las botellas de plástico, el papel, los envases de comida, bolsas, etc. La basura, por otro lado, es aquello que su potencial de reusabilidad ya está agotado. Un ejemplo excelente que todas conocemos son las compresas y tampones.

El zero waste tiene 5 pilares identificados como las 5 “R”:

  • Rechazar lo que no se necesite, como las pajitas, vasos de plástico o tapas para los vasos de café.
  • Reducir lo que solemos necesitar
  • Reusar o reutilizar lo que ya tenemos.
  • Reciclar lo que pueda ser utilizado para otros fines
  • Rot, cuya traducción literal del ingles es “pudrir”. Trata de generar composta con los residuos de ciertos alimentos.

¿Cómo puedo reducir los residuos si menstrúo cada mes?

Sí, las mujeres nos enfretamos a un reto extra cuando hablamos de ser “residuos cero”, porque aunque es posible retener el flujo menstrual con la práctica del free bleeding, no todas dominamos ese arte.

Los productos de higiene íntima son necesarios indudablemente. Los tampones y compresas han dominado el mercado durante décadas, ya que son prácticos, no permiten fugas y a un bajo precio por paquete. Esto, por supuesto, equivale a un alto costo a lo largo del tiempo, no solo para nuestros bolsillos sino para el medio ambiente.

Por fortuna, la copa menstrual es la mejor aliada para el medio ambiente y para nuestro cuerpo y ha llegado para quedarse. Cumple con los principios básicos del zero waste ya que es reutilizable. Con la compra de una copa menstrual puedes garantizar que tendrás menstruaciones sustentables hasta por 10 años.

Ya no tendrás que tirar cientos de tampones y compresas cada mes, cada año y cada década de tu vida fértil.

Además, no solo reduces tu huella de carbono: su silicona de grado médico es 100% hipoalergénica, no produce inflamaciones ni libera sustancias tóxicas como sucede con los materiales a base de plástico. De hecho, se ha comprobado científicamente que es segura y libre de fugas.

Así que sí, es posible formar parte de esta cultura ecológica y a la vez no preocuparte por las pérdidas y manchas en tu ropa.

Artículo de interés: Glifosato y otros químicos nocivos de tus compresas y tampones

Por qué la copa menstrual es eco – amigable

Como mencionamos anteriormente, es reutilizable: una vez que culmina tu menstruación la puedes cocer para esterilizarla y guardarla para la próxima regla. Así sucesivamente hasta por 10 años.

¿Y qué sucede después de estos primeros excelentes 10 años de uso? Puedes cortar en pequeños pedazos la silicona de tu copita para hacer composta. La base de la silicona es el silicio, uno de los elementos más abundantes en el planeta Tierra. Al cabo de un tiempo, tu copa desaparecerá.

Las copas menstruales no contienen agentes contaminantes inherentes a las fragancias y preservantes de otros productos de higiene íntima.

Si lo ponemos en perspectiva, cada mujer en su etapa fértil menstrúa un promedio de 10 veces al año. Se utiliza aproximadamente un paquete de compresas o tampones por menstruación (y a veces hasta más); y si cada paquete tiene 10 compresas, son 100 productos al año lo que estamos añadiendo a la basura.

Cabe destacar, esa cifra de basura solo la produce una mujer durante un año, entonces ¿cuánta basura se genera anualmente entre todas las mujeres en edades fértiles del planeta? Y la menstruación no se detiene.

Por otro lado, el plástico puede ser “reciclado” una sola vez. Luego se convierte en basura, se descompone en pequeños pedazos y contamina los suelos y océanos.

Asimismo, los materiales con los que están hechos este tipo de productos son altamente tóxicos para nuestro cuerpo y para el medio ambiente. Allí puedes encontrar polietileno, que es plástico, polipropileno (tela a base de plástico), algodón, blanqueantes y aromatizantes que contienen agentes como:

  1. Cloro: el principal blanqueador del algodón y otros textiles que utilizan las compresas y tampones.
  2. Rayón y algodón: el rayón es un textil sintético proveniente de procesos químicos del petróleo, madera y carbón. Está asociado a infecciones vaginales y a síndrome de shock tóxico. Por otro lado, aunque el algodón es un tejido natural, debemos recordar que los sembradíos de algodón suelen ser fertilizados y tratados con pesticidas químicos, que al final pueden terminar perjudicando nuestra salud.
  3. Poliacrilato: es el famoso gel súper absorbente de los tampones y compresas. Es un producto artificial asociado también al SST.

Nuestras copas menstruales como Sileu Rose, vendrán en empaques hechos de PLA (ácido poliáctico), un material a base de glucosa vegetal que se biodegrada en contacto con la tierra en un lapso de 6 meses, aprobado por el EN 13432.

Por otro lado, el algodón de la bolsa donde guardarás tu copa menstrual será orgánico, 100% compostable y con certificación GOTS (Global Organic Textile Standards, por sus siglas en inglés) que rige que los textiles utilizados sean eco amigables y socialmente sustentables.

Otras formas de unirte al “Zero Waste”

Este movimiento pro ambientalista promete, y los resultados podrán evidenciarse mientras más personas hagan conciencia de los cambios que debemos hacer para garantizar nuestra seguridad en el futuro.

Cada una de las acciones que vayas añadiendo a tus hábitos cuenta, así que no te desalientes porque es muy sencillo y algunos de los primeros pasos que puedes tomar para unirte son:

  1. No compres botellas, vasos y platos de plástico desechable. Puedes llevar agua en una botella reutilizable y vaya que hay muy bonitas y prácticas en el mercado.
  2. Recicla lo que tengas en casa: reinventa tu guardarropa o dona aquellas prendas que ya no uses. Puedes reciclar el papel que ya este usado, incluso para envolver regalos.
  3. Desconecta los cargadores de teléfonos móviles cuando no estén en uso. Incluso estando conectados gastan energía.
  4. Lleva tus propias bolsas de tela al supermercado, así no te verás en la necesidad de obtener bolsas de plástico.
  5. Puedes producir muy buen material de composta con las cáscaras de huevo, los vegetales que ya no uses o las sobras de la ensalada.